Tras la caída del Tercer Reich y el fin de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los colaboradores nazis y miembros de la aristocracia alemana encontraron refugio en España, especialmente en la Costa del Sol. España, bajo la dictadura franquista, se convirtió en un santuario para algunos de los personajes más controvertidos del régimen nazi. Málaga, en particular, fue el destino de varios exiliados, entre ellos Léon Degrelle y Otto Skorzeny, figuras clave del nazismo que se establecieron en la comarca.
En este artículo examinaremos la vida y el impacto de cuatro nazis que encontraron en la Costa del Sol su último refugio, lejos del alcance de la justicia internacional, y donde murieron tranquilamente sin nunca ser juzgados.
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1- Otto Johann Anton Skorzeny

Otto Skorzeny, coronel de las Waffen-SS y uno de los más notorios oficiales de la Alemania nazi, se convirtió en una figura legendaria tanto durante como después de la Segunda Guerra Mundial. Apodado por los aliados como «Caracortada» debido a las cicatrices que adornaban su rostro, Skorzeny es recordado principalmente por sus operaciones de espionaje y sabotaje. Sin embargo, tras el final de la guerra, su vida tomó un giro inesperado, llevándolo a refugiarse en España, donde se ganó el respeto de una dictadura que trató a un criminal de guerra como un héroe. Aunque su principal vivienda la tenía en Madrid, se había comprado un chalé en Marbella en el que pasaba largas temporadas.
Nacido en Viena el 12 de junio de 1908, Otto Skorzeny fue un hombre formado en una familia de fuerte tradición militar. Antes de su incursión en el ejército nazi, Skorzeny se formó como ingeniero civil en la Universidad de Viena, pero su destino cambió cuando se unió al Partido Nacionalsocialista en 1931. Durante la Segunda Guerra Mundial, Skorzeny se destacó por sus habilidades en operaciones especiales, convirtiéndose en uno de los hombres más temidos de Europa.
Entre las más destacadas de sus «hazañas» se encuentra el rescate de Benito Mussolini en 1943, en una operación conocida como Operación Eiche (Misión Roble), que le valió la admiración de Adolf Hitler, quien lo ascendió rápidamente dentro de las Waffen-SS. En esta misión, Skorzeny y su unidad de comandos paracaidistas aterrizaron en un terreno montañoso y, sin disparar un solo tiro, lograron rescatar al dictador italiano de su cautiverio en el hotel Campo Imperatore.
Otra de sus operaciones de alto perfil fue la Operación Greif, en la que Skorzeny lideró una misión para infiltrarse en las líneas aliadas durante la ofensiva de las Ardenas. La operación consistió en disfrazar a soldados alemanes como oficiales estadounidenses y británicos, sembrando el caos en las tropas aliadas. A pesar de los esfuerzos por desbaratar la misión, Skorzeny y sus hombres causaron una gran confusión.
Tras la caída de la Alemania nazi, Otto Skorzeny se convirtió en uno de los prisioneros más buscados por las fuerzas aliadas. Sin embargo, nunca fue juzgado por sus crímenes, ya que en el juicio de Núremberg, las acusaciones en su contra fueron desestimadas. En 1948, gracias a la ayuda de antiguos oficiales de las SS, Skorzeny logró escapar a España, estableciéndose en Madrid donde comenzó una nueva vida alejada de la guerra, aunque rodeado de controversia.
En España, vivió en una acomodada vivienda en el barrio de El Viso, donde disfrutó de una vida relativamente tranquila, pero siempre bajo el radar de las autoridades y la sospecha de que pudo haber continuado con sus actividades de espionaje y sabotaje, en especial a través de la organización ODESSA, un grupo de exoficiales de las SS que ayudaban a otros nazis a escapar.
Skorzeny fue bien recibido por el régimen franquista, que lo respetaba tanto por sus habilidades militares como por su ideología anticomunista. Durante su estancia en España, se dedicó a actividades de ingeniería y trabajó como consultor para empresas de acero alemanas. También mostró un gran interés en fomentar la creación de un cuerpo militar anticomunista en España, el cual sería una especie de «Legión Carlos V», con el objetivo de enfrentar una posible Tercera Guerra Mundial.
A pesar de su vida aparentemente estable en España, la figura de Otto Skorzeny seguía envuelta en controversia. A lo largo de su vida, mantuvo sus convicciones nacionalsocialistas, mostrando su apoyo a figuras como Juan Domingo Perón en Argentina y ofreciendo sus servicios a gobiernos y organizaciones en busca de su experiencia. En 1962, incluso fue reclutado por el Mossad para obtener información sobre científicos alemanes trabajando para Egipto, aunque más tarde se supo que su implicación en estos eventos fue controvertida.
A pesar de la paz relativa que encontró en Madrid y la Costa del Sol, Skorzeny nunca dejó atrás su vida anterior. En sus últimos años, tras ser diagnosticado con cáncer de pulmón, vivió en la localidad de Alcudia, en las Islas Baleares. Falleció en Madrid el 7 de julio de 1975, dejando atrás una historia compleja de gloria bélica, crímenes de guerra, y una vida posterior en la que intentó mantenerse alejado del pasado que lo había convertido en un hombre tan temido.
2- Léon Joseph Marie Ignace Degrelle

León Degrelle, nacido en Bélgica en 1906, comenzó su carrera política en los años 30, al frente del Partido Rexista, una organización de corte fascista que inicialmente obtuvo cierto respaldo en su país natal. Influenciado por el pensador francés Charles Maurras y por las doctrinas de Mussolini y Hitler, Degrelle buscó alinear su partido con los intereses del Tercer Reich. Tras la invasión alemana de Bélgica en 1940, Degrelle se unió al ejército nazi, luchando en la Legión Valona en el Frente Oriental y más tarde en las Waffen-SS. Sus méritos de guerra, como su participación en la batalla de Korsun-Cherkassy en 1944, le valieron varias condecoraciones, incluidas la Cruz de Caballero y la Cruz Alemana de Oro.
Con la caída del régimen nazi, Degrelle fue condenado a muerte en Bélgica por su colaboración con los invasores alemanes. Escapó a España en 1945, tras un arriesgado vuelo en el que fue rescatado después de un aterrizaje forzoso en la bahía de San Sebastián. La dictadura franquista le ofreció asilo político, protegiéndolo de la extradición, lo que le permitió continuar su vida. Franco y su gobierno, que se mantenían «neutrales» durante la guerra, facilitaron su estancia a través de documentación falsa y apoyo logístico, permitiendo que Degrelle se estableciera en la Costa del Sol.
En España, Degrelle vivió bajo el nombre de José León Ramírez Reina y se dedicó a la construcción, participando en proyectos financiados por el régimen franquista. Su presencia en la Málaga de la posguerra fue una constante sombra de la historia nazi, mientras seguía promoviendo sus ideas a través de libros y conferencias en círculos neonazis.
La década de 1980 fue un periodo de controversia para Degrelle. En 1985, sus declaraciones negando la existencia del Holocausto le trajeron una condena judicial en España. El Tribunal Constitucional finalmente falló en su contra, aunque su influencia en círculos de extrema derecha se mantuvo. Degrelle continuó siendo un símbolo de la ultraderecha europea, participando en varios eventos conmemorativos de figuras como Adolf Hitler.
A pesar de los intentos de Bélgica por lograr su extradición, Degrelle continuó viviendo en Benalmádena hasta su muerte en 1994.
3- Otto-Ernst Remer

Otto-Ernst Remer, oficial de la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial, fue una figura cuya vida estuvo marcada por su devoción al nacionalsocialismo y su apoyo al legado de Adolf Hitler. Tras desempeñar un papel clave en el fracaso del golpe del 20 de julio de 1944 contra Hitler (conocido como Operación Valkiria), Remer se convirtió en una figura destacada de la extrema derecha alemana. Posteriormente, se exilió a España, donde vivió sus últimos años en la Costa del Sol, sin ser extraditado a pesar de las órdenes de captura en su contra.
Nacido el 18 de agosto de 1912 en Neubrandenburg, en el Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Otto-Ernst Remer era hijo de una familia protestante. Se unió al ejército de la República de Weimar en 1932 y, en la Segunda Guerra Mundial, rápidamente se destacó como comandante dentro de la Wehrmacht, el ejército alemán.
En 1942, Remer fue asignado al Regimiento de Infantería Großdeutschland, una unidad de élite, donde demostró gran habilidad táctica. Tras varios ascensos, en 1943 fue condecorado con la Cruz de Caballero y las Hojas de Roble por sus éxitos en el frente oriental, en especial en la batalla de Krivói Rog. A pesar de su éxito en el campo de batalla, Remer nunca fue miembro del NSDAP, pero se caracterizó por su fervoroso apoyo al Tercer Reich y a Hitler.
El papel de Remer en el fallido golpe de Estado del 20 de julio de 1944, Operación Valkiria, marcó un giro significativo en su vida. Designado para detener a los conspiradores que planeaban asesinar a Hitler, Remer cumplió la orden sin titubear, asegurando el fracaso del intento de asesinato. Por su acción, recibió el ascenso a coronel (Oberst) y una creciente lealtad hacia el régimen nazi.
Tras la caída del Tercer Reich, Remer se dedicó a la política, defendiendo sin ambages el legado de Hitler y el nacionalsocialismo. En 1950 fundó el Partido Socialista del Reich (SRP), que logró cierto apoyo electoral en las elecciones alemanas de 1949. Sin embargo, el partido fue ilegalizado en 1952 por las autoridades alemanas debido a sus vínculos con la ideología nazi.
Su discurso negacionista del Holocausto y su apoyo a la «ocupación judía de Alemania» le valieron una creciente notoriedad en los círculos de la extrema derecha. En 1992, fue condenado a varios meses de prisión por publicar artículos que negaban el genocidio nazi.
Para evitar la persecución judicial, Remer se exilió a España en 1994. La justicia española, en virtud de la legislación local, rechazó su extradición a Alemania, ya que no consideraba la negación del genocidio un crimen en su territorio. Aunque el Ministerio de Justicia español denegó su solicitud de asilo, Remer pasó sus últimos años en la Costa del Sol, donde vivió en la ciudad de Marbella.
4- Hans Hoffmann Heinkeder

Hans Hoffmann Heinkeder, nacido en Berlín en 1916, fue un diplomático y empresario hispano-alemán que jugó un papel fundamental en las relaciones hispano-alemanas durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Con un pasado vinculado al régimen nazi, Hoffmann fue considerado por muchos como un agente de la Gestapo y un hombre clave en la historia política y económica de la Costa del Sol.
En 1928, Hans Hoffmann emigró con su familia a España a los 12 años, donde rápidamente aprendió el idioma español. Con el estallido de la Guerra Civil Española, Hoffmann se enroló en la Legión Cóndor alemana, actuando como traductor. En esta época, estableció una relación cercana con el general Agustín Muñoz Grandes, quien más tarde sería clave en la historia de la División Azul en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial.
Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Hoffmann estaba destinado en la agregaduría de prensa de la embajada alemana en Madrid. Sin embargo, no fue enviado al frente de batalla. Tras la creación de la División Azul, Hoffmann fue destinado a luchar contra la Unión Soviética, donde actuó como traductor y enlace entre los españoles y el 16.º Ejército nazi. Durante este tiempo, se rumoreaba que Hoffmann había sido parte de las intrigas para que España se alineara con la Alemania nazi, llegando incluso a considerar la eliminación del dictador Francisco Franco para que España se uniera activamente a la guerra.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, Hoffmann permaneció en España, estableciéndose en Marbella. Aunque fue señalado por los aliados como un agente de la Gestapo, Hoffmann nunca fue extraditado a pesar de ser uno de los 104 agentes nazis reclamados por el Consejo de Control Aliado en 1947.
En los años posteriores, Hoffmann fortaleció su red de contactos con figuras influyentes del franquismo. Fue amigo cercano de Rafael Cavestany de Anduaga, ministro de Agricultura, quien lo llevó como traductor durante un viaje a la Alemania Federal en 1954. Este viaje permitió a Hoffmann contactar con altos funcionarios del gobierno alemán, estableciendo una red que lo posicionó como un enlace entre Alemania y España. Su relación con Franz Josef Strauß, ministro alemán, le permitió jugar un rol crucial en las relaciones diplomáticas entre ambos países.
A lo largo de las décadas, Hoffmann consolidó su presencia en la Costa del Sol. En 1961, fue designado cónsul honorario de la República Federal de Alemania en Algeciras y, en 1974, asumió el cargo de cónsul honorario de Alemania en Málaga, donde permaneció durante más de dos décadas. Durante este tiempo, también estuvo involucrado en diversos negocios inmobiliarios en la región, en colaboración con figuras del franquismo como José Antonio Girón de Velasco, antiguo ministro de Trabajo.
Su influencia también se extendió a la política española, pues se le atribuye el papel de intermediario entre la Fundación Hanns Seidel y el partido Alianza Popular, canalizando fondos económicos para la formación política.
Hans Hoffmann Heinkeder falleció en octubre de 1998, dejando un legado controvertido que marcó una parte significativa de la historia de las relaciones entre España y Alemania en la segunda mitad del siglo XX, pero sin poder olvidar su pasado y relación con el nazismo.



