Así cayó el jefe de la UDEF: Criptomonedas, 20 millones en efectivo y una red de narcotráfico internacional

Una red de complicidades, criptomonedas y dinero en efectivo: así funcionaba el entramado de Óscar Sánchez, desde la UDEF hasta los cárteles

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Óscar Sánchez/El Mundo

El caso del inspector jefe de la UDEF, Óscar Sánchez Gil, detenido por narcotráfico en noviembre de 2024, ha tambaleado los cimientos de la Policía Nacional. Lo que parecía un simple caso de corrupción ha revelado una trama mucho más compleja que involucra millones de euros en efectivo, organizaciones criminales internacionales y una red de criptomonedas. Un escándalo que no solo afecta a la lucha contra el crimen, sino también la integridad de las instituciones encargadas de combatirlo.

El punto de partida de esta investigación fue la detención de Óscar Sánchez Gil, jefe de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales (UDEF) en Madrid. Su arresto, junto a su mujer, también policía, se produjo tras un operativo que desveló una trama de corrupción vinculada al narcotráfico. En su casa de Villalbilla, los agentes de Asuntos Internos encontraron más de 20 millones de euros en billetes, escondidos en techos, paredes y jardines. Un hallazgo que sorprendió incluso a los propios investigadores. Pero esto no fue lo único que apareció en el domicilio de Sánchez. Según reporta eldiario.es, también se encontraron monederos virtuales que podrían estar vinculados al blanqueo de dinero mediante criptomonedas.

La conexión entre Sánchez y el mundo del narcotráfico comienza a esclarecerse cuando se descubre que utilizaba bases de datos policiales para alertar a sus cómplices sobre las investigaciones en curso. En este entramado se destaca un hombre conocido como «El Tigre», un narcotraficante que dirige operaciones desde Dubái. Según eldiario.es, la investigación sobre este individuo comenzó cuando se descubrió que Sánchez Gil estaba vinculado a Ignacio Torán, uno de los cabecillas de la organización que operaba desde España. «El Tigre» no solo lideraba una red de tráfico de cocaína en el Puerto de Algeciras, sino que también coordinaba desde su refugio en Emiratos Árabes las operaciones de descarga de droga, como se puede ver en los interceptados mensajes de Sky ECC, el sistema de comunicaciones encriptadas utilizado por la organización.

Pero la cosa no termina ahí. Según el informe judicial al que tuvo acceso El Independiente, se reveló que Sánchez intentó comprar 200 millones de euros en criptomonedas. Este intento de conversión de dinero en activos virtuales, una práctica común entre los criminales para eludir el control de las autoridades, fue frustrado por los investigadores. En los registros de diciembre de 2024, se descubrió que Sánchez había establecido contacto con la empresa Kunga Inversiones, dedicada al cambio de moneda tradicional a criptomonedas. Según los testimonios recabados por la Policía, el CEO de esta empresa fue contactado por «Joseph», supuesto testaferro de Óscar Sánchez, para realizar la compra de los 200 millones en criptoactivos. El Independiente también detalla que el CEO de Kunga fue intimidado por «Joseph», quien le advirtió que “los fondos de Euroarts” debían ser retirados para evitar un desastre.

El esquema de blanqueo de dinero en el que Sánchez estaba involucrado se extendía más allá de las criptomonedas. A través de empresas fantasma, testaferros y licencias de VTC, Sánchez y su entorno parecían haber creado una compleja red de empresas para ocultar el origen de los fondos obtenidos del narcotráfico. Según los informes, Yolanda Ruiz, cuñada de Sánchez, jugaba un papel clave en la gestión de estas empresas. Las conversaciones intervenidas por la Policía evidencian el control absoluto que tenía el inspector jefe sobre estas entidades, como cuando le instruyó a su cuñada sobre cómo gestionar los juicios o firmar documentos sin conocimiento real de su contenido.

Además, en una de las filtraciones de Noticias Cuatro, se reveló que Óscar Sánchez cobraba un 40% de comisión por cada envío de droga. Esta información salió a la luz cuando se interceptaron comunicaciones en las que se discutía el porcentaje que el jefe de la UDEF recibía por facilitar las operaciones de narcotráfico. Este porcentaje no era solo una muestra de la corrupción que Sánchez había implantado dentro de la Policía, sino que también reflejaba el grado de implicación de Sánchez en la red de narcotráfico.

Pero lo más sorprendente es el papel que Sánchez desempeñó durante la pandemia. Según Noticias Cuatro, en pleno auge de la crisis sanitaria, Óscar Sánchez aceleró la llegada de contenedores cargados de cocaína al Puerto de Algeciras, ya que, debido a las restricciones, solo se registraban los contenedores que venían marcados por la DEA (Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos). Este hecho muestra hasta qué punto Sánchez estaba dispuesto a alterar los procedimientos normales para facilitar el tráfico de drogas a gran escala. Las operaciones de este narcotraficante, que incluían contenedores con toneladas de cocaína, pasaban desapercibidas en un momento en que las autoridades estaban concentradas en frenar la pandemia.

En paralelo, Narcodiario revela que el narcotráfico que facilitó Sánchez incluyó, entre otros alijos, 13 toneladas de cocaína incautadas en el Puerto de Algeciras, el mayor decomiso de este tipo en la historia de España. Según la información proporcionada por este medio, el narcotraficante conocido como «El Tigre» fue el responsable de dirigir las operaciones detrás de este envío, que se camuflaba como mercancía de importación legal. El uso del sistema GATI, que permite realizar seguimientos a los contenedores en los puertos, permitía a Sánchez y su red eludir las investigaciones de la Policía y continuar con sus actividades criminales.

Como señala eldiario.es, no solo se trata de un agente corrupto, sino de una red bien organizada que abarca desde el narcotráfico internacional hasta el uso de nuevas tecnologías para blanquear los beneficios del crimen. Además, las implicaciones de la detención de Sánchez y su conexión con “El Tigre” subrayan la gravedad de la infiltración de las fuerzas de seguridad en el crimen organizado.