La lluvia es uno de los factores que más accidentes provoca, ya que el agua en la calzada reduce la adherencia y puede formar barro, nieve y hielo. En la autovía A7 hay que sumar un nuevo e inesperado riesgo: las balsas de agua.
Los baches o el asfalto deteriorado en muchos tramos por el elevado tráfico -unos 400.000 vehículos al día-, provoca que la calzada no drene bien y el agua se acumule sobre el asfalto, reduciendo la adherencia de los neumáticos.
Este fenómeno se conoce como «aquaplaning», y sucede cuando el coeficiente de rozamiento se ve fuertemente alterado por la presencia de agua en la calzada. El neumático no logra despejar todo el agua, con lo que el agarre y la presión sobre la calzada, disminuyen.
Desplazamiento de agua hacia otros coches
Además, al atravesar una balsa de agua, la cantidad de agua desplazada hacia los laterales puede caer en el parabrisas de otros vehículos que circulen por la vía, reduciendo la visibilidad de éstos e incrementando el riesgo de accidentes.
Ante estas situaciones, lo más importante es la anticipación visual, y localizar las balsas de agua para adecuar la velocidad del vehículo a las condiciones de la calzada.
En días de lluvia también es importante mantener una conducción suave, sin movimientos bruscos ni frenazos, y utilizando las marchas más largas posibles.
Asimismo, desde la DGT se recomienda mantener la distancia de seguridad para evitar que el agua desplazada por otros vehículos al atravesar un gran charco nos caiga en el parabrisas.



