Nick Cave & The Bad Seeds:… Y de la mala semilla brotó la catarsis 

Artículo de opinión de Francisco Oliva sobre el Cala Mijas Fest, en el Recinto Sonora

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Nick Cave sigue siendo el mismo oficiante de ceremonias infernales de su época primigenia cuando se dio a conocer en su Australia natal, como miembro de la banda juvenil The Boys Next Door germen que luego transmutaría en The Birthday Party, rodillo sónico que asaltó con violencia la escena post-punk de Londres en la década de los ochenta, estableciendo una feroz reputación como banda implacable y nihilista, capaz de derribar todas las convenciones estéticas del género y cuyas actuaciones eran exorcismos brutales y caóticos que dejó un legado imborrable en la historia del rock’n’roll más autodestructivo.   

Mijas dejo constancia que Cave (64) se ha suavizado con los años, que las desgracias, ausencias y tragedias familiares le han dejado heridas profundas en el alma, y que el cariño de su legión de incondicionales tras los duros golpes recibidos, le ha servido de bálsamo espiritual que el ahora agradece en sus giras continentales. Lo que antes le suscitaba antagonismo ahora le infunde gratitud, humanidad y conciliación, en definitiva una disposición para la interacción emocional y física con el público.

Si su despotismo ha amainado, sus poderes carismáticos, hipnóticos, y su capacidad para manipular a las masas, no se han resentido un ápice, y su actitud artística sigue siendo tan inconformista, rompedora e insaciable como en sus épocas de malditismo y toxicomanías varias en Melbourne, Londres o Berlín. Pocos consiguieron en vida este poder arrebatador de voluntades – algunos después de muertos: la necrofilia del rock, rasgo casi fundacional, luctuoso del género.

xistencial que ha marcado a fuego la trayectoria de otros titanes de la escena como Bob Dylan, Johnny Cash, Nick Drake o Leonard Cohen, son parte consustancial de su experiencia cotidiana, de su visión creativa; nunca repetirse, nunca caer en la parodia o la autocomplacencia. Nunca darse por satisfecho.

Cave nos mostro un resquicio de su intimidad, compartió sus obsesiones, su sentido fatalista de la existencia humana y preocupaciones recurrentes sobre la naturaleza de Dios, la vida, la muerte, la retribución y el dolor. Dostoievski sigue más vivo que nunca. A través de su música y de sus canciones somos capaces de comprender mejor a un artista integro que nunca ha claudicado o comerciado con su talento y se ha mantenido fiel a su criterio por encima de modas y otras consideraciones del show business.