Un grupo de familias de la provincia de Málaga ha dado un paso adelante para reivindicar los derechos de los niños con necesidades educativas especiales mediante la creación de la plataforma Ola Inclusiva. Nacida del dolor, la frustración y la impotencia de enfrentarse a un sistema educativo que no siempre garantiza la atención adecuada, esta iniciativa busca transformar la realidad de miles de niños y niñas en la provincia.
María Eugenia Palomino, portavoz de Madre Inclusiva, Barabaja Autismo y de Ola Inclusiva, explica que el movimiento surgió de un grupo de WhatsApp entre padres y madres preocupados por la falta de recursos y atención especializada. “Somos un movimiento apolítico, ciudadano y asambleario. Nuestro objetivo es claro: que nuestros hijos reciban la educación que necesitan y merecen, sin importar quién gobierne”, afirma Palomino.
El reto es grande: muchos colegios presentan ratios inadecuadas para el alumnado con necesidades educativas especiales. Como explica Elena España, otra portavoz de la plataforma, “no puede ser que haya colegios como la zona de Mijas con hasta 80 alumnos por profesional, de los cuales varios tienen necesidades especiales. Para garantizar la inclusión, las ratios deben ser de 12 a 15 alumnos por profesional”.
Ola Inclusiva exige que las figuras de apoyo, como pedagogos terapéuticos o asistentes en aula, sean profesionales contratados por la Junta de Andalucía, y no por las familias. Elena hace hincapié en que “no pedimos limosnas ni favores, pedimos que se cumpla la ley y que nuestros hijos tengan las mismas oportunidades que cualquier otro niño”. Lo único que piden desde esta plataforma son profesores específicos de pedagogía terapéutica y de audición y lenguaje así como PTIS (personal técnico de inclusión social), nos aclara Elena.
La plataforma también hace valer el respaldo jurídico que otorga la LOMLOE, la ley educativa española, que en sus artículos 74 y 75 garantiza la inclusión y la atención personalizada del alumnado con NEAE. Sin embargo, como denuncian las familias, la letra de la ley no siempre se traduce en práctica efectiva en las aulas.
Con un enfoque estructurado y colectivo, Ola Inclusiva planea acciones contundentes y coordinadas ante la administración para reclamar recursos y asegurar una educación de calidad. Sus portavoces invitan a todas las familias a sumarse al movimiento, aunque sea desde la distancia: “No pedimos que todos estén al nivel de nuestra implicación, pero sí que nos sigan, que se informen y se unan a nuestra causa. La unión hace la fuerza”.
Más allá de la reivindicación, el movimiento refleja la resiliencia y el amor incondicional de los padres y madres. “Ha sido un camino duro, pero mis hijos me han enseñado a ver la vida de otro color. Me levanto cada día por ellos y no vamos a quedarnos aquí; vamos a luchar incluso en el Parlamento Europeo si es necesario”, nos cuenta emocionada María Eugenia.
Ola Inclusiva nace así como una voz de esperanza y reivindicación, mostrando que detrás de cada diagnóstico hay familias capaces, fuertes y dispuestas a luchar por una educación justa, inclusiva y digna para todos los niños.



