Magdalena Álvarez, la ministra que trajo el AVE a Málaga e impulsó la ampliación del aeropuerto

Malagueña de fuerte carácter, tuvo luces y sombras en su gestión al frente de Fomento. Su carrera política acabó cuando fue imputada en el caso de los ERE.

Magdalena Álvarez, en su etapa de ministra de Fomento.
Magdalena Álvarez, en su etapa de ministra de Fomento.

La exministra de Fomento Magdalena Álvarez ha sido condecorada por la Subdelegación del Gobierno de Málaga con el premio Caleta que reconoce los valores constitucionales.

Este reconocimiento ha sido muy criticado por el PP, debido a la vinculación de Álvarez con el caso de los ERE cuando era consejera de Economía de la Junta de Andalucía.

Actualmente está pendiente de una nueva sentencia por parte de la Audiencia de Sevilla después de que el Tribunal Constitucional estimase parcialmente su recurso y anulase su condena.

Aunque nacida en San Fernando «de manera casual» según ella misma, Magdalena Álvarez se siente malagueña y creció en el barrio de la Victoria. Tras su llegada al ministerio de Fomento hizo realidad una de las mayores aspiraciones de la provincia en esa época: la llegada del AVE a la Costa del Sol.

En diciembre de 2007, se emocionó públicamente cuando el primer tren de alta velocidad llegaba a la estación María Zambrano. Se encontraba junto al entonces presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

Durante sus cinco años como ministra de Fomento posibilitó la expansión de la alta velocidad por España, no sólo en Málaga, sino también su llegada a Valladolid y Barcelona.

También impulsó decididamente la ampliación de aeropuertos como la T4 en Barajas, o el propio aeropuerto Málaga-Costa del Sol, y proyectos de gran importancia para la provincia como la hiperronda de Málaga o el soterramiento de la travesía de San Pedro.

Entre las sombras de su gestión figuran los problemas en las obras del AVE a Barcelona o el caos en los cercanías, que precipitaron su cese en 2009, cuando fue sustituida por José Blanco.

Tras ser elegida eurodiputada, en 2010 fue nombrada vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, un cargo que ejerció en representación de España hasta que en 2014 tuvo que dimitir tras su imputación en el caso de los ERE.

En lo personal se le reconoce un fuerte carácter: obligó a Mariano Rajoy a apagar un puro en una reunión, y respondió a las críticas a su gestión con la frase «antes partía, que doblá«.