Pasadas las seis de la tarde, la chimenea de la Capilla Sixtina ha emitido la esperada fumata blanca, señal inequívoca de que el cónclave ha alcanzado un acuerdo: la Iglesia Católica ya tiene un nuevo Papa, aunque su nombre no será revelado hasta dentro de unos minutos.
Los fieles católicos aguardan con expectación el anuncio oficial desde la Santa Sede. El cónclave ha concluido en el segundo día de deliberaciones, una vez que uno de los cardenales ha recibido el respaldo de al menos dos tercios de los votos.
La Plaza de San Pedro, completamente abarrotada, contiene la respiración a la espera de escuchar la tradicional frase «Habemus Papam» desde el balcón central de la Basílica. Cabe destacar la rapidez con la que se ha desarrollado este proceso, que ha culminado con el consenso de los 133 cardenales electores en poco más de 24 horas.
La señal blanca indica que el elegido ha aceptado el cargo y ya ha seleccionado el nombre pontificio con el que será conocido. Entre los nombres más utilizados a lo largo de la historia destacan Juan, adoptado por 22 papas, y Gregorio, elegido por 16.



