El británico Philip Waugh, detenido hace algo más de un año en la Costa del Sol por liderar una red internacional de tráfico de armas, ha sido condenado en Reino Unido a 26 años y ocho meses de prisión, según ha informado la Agencia Nacional del Crimen (ANC).
Waugh, de 40 años, fue arrestado en septiembre de 2024 en un chalé de Benahavís en una operación conjunta con la Policía Nacional. Tras su extradición a Reino Unido, compareció en abril ante el Tribunal de la Corona de Liverpool, donde admitió múltiples delitos relacionados con armas de fuego y un cargo de conspiración para infligir lesiones graves. Según la investigación, conspiró con un mafioso para dejar ciega a una víctima mediante un ataque con ácido, un plan que fue frustrado por la policía británica.
Armas de guerra en EncroChat
El caso se remonta a 2020, cuando la ANC detectó un perfil en la red cifrada EncroChat bajo el seudónimo Aceprospect, desde el que se ofrecía un arsenal de armas automáticas y semiautomáticas a organizaciones criminales. Entre ellas, dos fusiles AK-47, una Skorpion, una Uzi, diversas pistolas y cientos de cartuchos.
Las pesquisas permitieron identificar a Waugh como responsable de la red, que introducía las armas de contrabando en el Reino Unido, donde su socio, Robert Brazendale, se encargaba de distribuirlas.
Condenas a la red
Brazendale, considerado mano derecha de Waugh, ya fue condenado en 2022 a 11 años y tres meses de prisión por transferir armas de fuego, pena reducida posteriormente a 10 años en apelación. Más tarde, admitió nuevos delitos cometidos junto a Waugh y recibió otra condena de 11 años y cuatro meses adicionales.
Durante el juicio, salió a la luz la extrema violencia de Waugh, que llegó a dar instrucciones a un cómplice para “duplicar la dosis” y “cocinar” a la víctima con ácido. “Sólo necesito que esté ciego y con la cara derretida”, llegó a escribir en sus comunicaciones intervenidas.
De Tailandia a la Costa del Sol
Antes de instalarse en Benahavís, el condenado había residido en Tailandia, país que alertó a las autoridades británicas sobre sus movimientos. Su detención en España supuso el cierre de una operación internacional que permitió desmantelar parte del mercado negro de armas al que abastecía.
La sentencia, que rebajó en un tercio la condena gracias a su confesión, pone fin a uno de los casos más preocupantes de tráfico de armas en Reino Unido en los últimos años.



