Tras más de tres años huido, Ginés Enrique González Rodríguez, conocido como Ginés ‘el Gordo’, ha sido finalmente detenido por la Guardia Civil en un chalé de lujo en Rincón de la Victoria (Málaga). Considerado el mayor capo de la droga del río Guadalquivir, Ginés llevaba años escapando de la presión policial y se había convertido en uno de los nombres más buscados por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
La detención se ha producido en el marco de una operación aún abierta y dirigida por el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Comandancia de Sevilla. Junto a él han sido arrestados siete miembros de su familia, incluyendo su hermano Óscar –considerado su principal colaborador– y un hijo de cada uno de ellos. También fue detenida su pareja, aunque ha quedado en libertad bajo fianza de 10.000 euros.
A todos ellos se les imputan, en principio, delitos contra la salud pública y pertenencia a organización criminal. En el registro del inmueble malagueño, los agentes intervinieron un arma de fuego, entre otros efectos.
La detención de Ginés no es un caso aislado, sino la continuación de una larga investigación que conecta al capo sevillano con uno de los mayores alijos de droga interceptados en España en los últimos años: siete toneladas de cocaína, localizadas en Coria del Río (Sevilla) el pasado diciembre de 2024. Aquel golpe supuso un punto de inflexión para los investigadores, que redoblaron los esfuerzos para localizar a Ginés, hasta dar con él en la Costa del Sol.
El patrón del río
La historia de Ginés es la de un delincuente de barrio que terminó liderando una poderosa red de narcotráfico. Criado en el barrio sevillano de La Macarena, comenzó como ratero y fue escalando en la jerarquía delictiva hasta convertirse en el patrón del Guadalquivir, una figura con tanto peso en Sevilla como los hermanos Castañas en el Campo de Gibraltar.
Durante años, su organización introdujo hasta 50.000 kilos de hachís al año desde Marruecos, utilizando embarcaciones semirrígidas que remontaban el Guadalquivir desde Sanlúcar de Barrameda hasta los márgenes más recónditos de la provincia de Sevilla. La clave de su éxito: dominar cada curva del río, construir un sistema de relevos con tripulaciones reclutadas en el Campo de Gibraltar y disponer de logística, infraestructura y capital humano como pocas organizaciones en el sur peninsular.
Ginés había fijado su residencia en una mansión aislada entre Coria del Río y Dos Hermanas, a escasos metros del cauce fluvial que había convertido en su autopista personal para el narcotráfico. Desde allí dirigía operaciones millonarias con equipos de videovigilancia, garrafas de combustible preparadas para emergencias y, según algunos registros, hasta máquinas de contar dinero.
Red familiar y conexiones internacionales
El clan no era solo eficaz, sino también hermético y familiar. Su hermano Óscar actuaba como segundo al mando, y ambos estaban casados con mujeres relacionadas con clanes históricos del narcotráfico sevillano, como los Mikhailovich, una familia de origen húngaro con fuerte presencia en las Tres Mil Viviendas.
Su estructura operativa fue desarticulada parcialmente en 2019, cuando la Guardia Civil lanzó la Operación Minerva, incautando 2.200 kilos de hachís, tres embarcaciones, diez armas de fuego y 273.000 euros en efectivo, entre otros elementos. Sin embargo, Ginés logró eludir la captura en aquel momento, refugiándose presuntamente en Marruecos, donde contaba con contactos directos con los productores de hachís. Su regreso a España fue discreto… hasta ahora.
Una caída inesperada
Aunque los agentes barajaban que Ginés se encontraba protegido fuera del país, su presencia en Rincón de la Victoria cogió por sorpresa incluso a los más veteranos. No era su entorno natural, pero sí lo suficientemente discreto como para pasar desapercibido. Hasta que la Guardia Civil irrumpió en su chalé una mañana de junio y lo sacó esposado, con una camiseta cubriéndole el rostro.
Con esta detención, las autoridades dan un nuevo golpe a las redes del narcotráfico asentadas en Andalucía, y especialmente al tráfico fluvial que durante años ha convertido al Guadalquivir en una ruta clave para la entrada de droga en Europa.



