La Dirección General de Tráfico (DGT) tiene más de 2.000 radares en toda la red de carreteras de España. La gran mayoría tienen una función muy clara, que es la de detectar a los conductores que han sobrepasado los límites de velocidad establecidos en cada vía y así poder ponerles la multa correspondiente. Además, los hay de muchos tipos: desde fijos a móviles, publica 20 Minutos.
Pese a que un elevado porcentaje de esos velocímetros captan a los infractores que circulan por la carretera más rápido de lo permitido, hay otros cuyo cometido es distinto. De esta manera, hay algunos que tienen como objetivo comprobar que el conductor tiene puesto el cinturón de seguridad o que está totalmente concentrado en la conducción y no está usando el teléfono móvil. En estos casos, da igual que se respete el límite de velocidad.
La DGT cuenta con numerosos velocímetros de cinturón y móvil dispuestos por todo el país, aunque existen más tipos de radares que comprueban otro tipo de factores a la hora de la conducción. Un ejemplo son los llamados radares de proximidad, cuya función es asegurarse de que los conductores están guardando la distancia de seguridad con el vehículo que les precede.
Como la tecnología avanza a pasos agigantados en el sector de la automoción y también en el de los radares, en un futuro no muy lejano se podrían instalar velocímetros en España que fueran capaces de detectar otro tipo de infracciones. Un ejemplo de hacia dónde avanza en este sentido de la movilidad son los conocidos como ‘radares medusa’.
QUÉ SON LOS RADARES MEDUSA
Estos radares son capaces de identificar muchas infracciones a la vez. Ya no solo porque puedan controlar varios carriles de una carretera simultáneamente, sino porque también, a través de las cámaras, pueden centrarse en varios aspectos de la conducción que pueden ser sancionables, como el uso del cinturón de seguridad, del móvil o detectar maniobras peligrosas, entre otras.



