Con la temporada de playas ya en marcha y miles de personas disfrutando cada día del litoral andaluz, la presencia masiva del alga asiática invasora vuelve a convertirse en uno de los principales problemas ambientales y turísticos de la costa. Las últimas arribazones registradas en municipios de la Costa del Sol han reavivado una preocupación que desde hace años afecta especialmente al litoral andaluz y que, lejos de remitir, continúa extendiéndose.
Este mismo fin de semana, el Ayuntamiento de Estepona ha intensificado las labores de limpieza y retirada de algas acumuladas en distintas playas del municipio. El alcalde, José María García Urbano, ha advertido de que la llegada masiva de esta especie sigue afectando al litoral y ha reclamado nuevamente al Gobierno central una respuesta coordinada y recursos suficientes para hacer frente a una problemática que ya afecta a numerosos puntos de la costa española.
La situación también se ha dejado sentir en Manilva, donde la acumulación de algas tras los últimos temporales de levante ha obligado a activar trabajos intensivos de limpieza. Desde la Delegación de Playas se han programado actuaciones especiales para retirar los restos acumulados y mantener las playas en condiciones óptimas de uso durante las primeras semanas del verano.
Aunque para muchos bañistas la imagen más visible es la de montañas de algas acumuladas sobre la arena, los expertos llevan años alertando de que el problema va mucho más allá de una cuestión estética.
Una especie invasora que ya se ha extendido por buena parte de Andalucía
La especie responsable de estas arribazones es Rugulopteryx okamurae, un alga originaria del Pacífico noroccidental que fue detectada por primera vez en el Estrecho de Gibraltar hace aproximadamente una década. Desde entonces, su expansión ha sido constante y hoy afecta a amplias zonas de las costas de Cádiz, Málaga, Granada y Almería.
Las corrientes marinas y los temporales de levante favorecen especialmente su acumulación en determinadas playas, donde puede llegar a cubrir grandes extensiones de arena en pocas horas. Su presencia se ha convertido en una imagen habitual en municipios del Campo de Gibraltar, la Costa del Sol y otros puntos del litoral andaluz.
Además de las molestias para los usuarios de las playas, la retirada de toneladas de algas supone un importante coste económico para los ayuntamientos, que se ven obligados a reforzar maquinaria, personal y dispositivos de limpieza durante los meses de mayor afluencia turística.
Consecuencias ambientales y económicas
La expansión de esta especie invasora preocupa especialmente por su impacto sobre los ecosistemas marinos. Diversos estudios han señalado que su rápida proliferación desplaza especies autóctonas, altera los fondos marinos y modifica hábitats esenciales para peces, moluscos e invertebrados.
El sector pesquero también lleva años denunciando sus efectos. La presencia masiva del alga en fondos y artes de pesca dificulta la actividad de numerosas embarcaciones, incrementa costes y reduce la rentabilidad de muchas capturas.
A ello se suma la preocupación turística. Aunque el alga no supone un riesgo para la salud de los bañistas, su acumulación genera una imagen poco atractiva para quienes visitan las playas, especialmente durante la temporada alta. En algunos casos, la descomposición del material vegetal acumulado puede provocar malos olores y obligar a acelerar los trabajos de retirada.
Una batalla que se repite cada verano
La llegada del verano vuelve a evidenciar la dificultad de controlar una especie cuya expansión parece imparable. Los municipios afectados reclaman desde hace años una estrategia coordinada entre administraciones que permita mejorar la investigación, la gestión y la financiación de las labores de retirada.
Mientras tanto, localidades como Estepona, Manilva y numerosos municipios del litoral andaluz continúan librando una batalla que se repite cada temporada. Con las playas llenándose de visitantes y los episodios de levante favoreciendo nuevas arribazones, el alga asiática vuelve a convertirse en uno de los grandes desafíos ambientales del verano en Andalucía.



