En Benalmádena existe un Restaurante-Museo que no deja indiferente a nadie que lo visita, puesto que está decorado con más de 4.000 botijos de diferentes colores en su techo, haciendo de este lugar un emplazamiento único.
Un proyecto que empezaron hace años Antonia y Gregorio, el chiringuito La Viborilla cuenta con el trabajo de casi toda una vida, donde en cada rincón se puede apreciar un botijo único y diferente, dándole un toque especial al lugar.
Brigid es la hija de ellos y contaba así a Área Costa del Sol cómo este lugar es el resultado de años y años de trabajo. «Antiguamente cuando solo eran 200 o 300 botijos los quitábamos en octubre al cerrar para invierno, pero ahora tenemos que ir por secciones, los exteriores los quitamos todos para no dejarlos en la interperie en invierno».
El chiringuito fue construido en el año 90, por aquel entonces todo era muy blanco y nuevo, no había vegetación, y fue Antonia, su madre, quien decidió colocar dos botijos de su casa para decorar el lugar, desde entonces no paró hasta llegar a casi los cinco mil con los que cuenta actualmente este lugar.
Los botijos que decoran este sitio vienen de diferentes lugares y están hechos de distinto material, como vidrio, cristal soplado, cobre, barro cerámica… El lugar de procedencia de estos es variado, algunos son regalados, otros del rastro, de tiendas, de wallapop, donaciones. «La mayoría son de aplicaciones o páginas web de coleccionistas, en subastas o compra directa, son tantos los que tenemos que ya es difícil encontrar en el rastro alguno que no tengamos», explicaba Brigid.
Muchos de estos objetos que decoran las paredes de La Viborilla son de herencias de abuelos o donaciones, un lugar imprescindible a visitar en su paso por Benalmádena.



