El bonito gesto de entregarse a los demás

María Valadez, tras recuperarse de una grave enfermedad, decidió abrir un hogar de jubilados en Casares para dedicar su vida a los más mayores.

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Redactora del Área Costa del Sol con los mayores de Casares. Archivo

«Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz…», cantaba la pequeña familia que ha formado el hogar del jubilado en Casares. Era el cumpleaños de una de sus chicas, de las que lleva tiempo aprendiendo, riendo, bailando y realizando toda una serie de actividades junto a sus compañeros, esos que de alguna manera ya puede llamar «hogar». Juegos de memoria, sopas de letras, fiestas de navidad o actividades con niños son algunos de los puntos que mejor definen lo que se lleva a cabo en esta asociación.

María Valadez, la mujer que un día tomó las riendas de su vida y decidió perseguir su sueño, ha hecho realidad ese lugar donde decenas de mayores se reúnen día a día para ejercitar su memoria, estar entre amigos y no sentir la triste llamada de la soledad. María es una enfermera que, con tan solo con 25 años de edad, sufrió un tumor cerebral y prácticamente fue desahuciada por los médicos. Le dijeron que nunca más volvería a trabajar y que debía tener una vida totalmente tranquila. «Eso no iba conmigo. Yo misma me rehabilité. Siempre me había encantado trabajar con mayores, así que sentí la necesidad de abrir un lugar así porque vi que no existían», nos comentó María con una gran sonrisa.

En 2006, Valadez comenzó a dar talleres de memoria y en 2015 finalmente comenzó la gran aventura con sus mayores a quienes tanto quiere y admira. Ha sido un camino duro y largo, donde al principio todo ha salido de su bolsillo: «El problema que tenemos las asociaciones de los pueblos es que nosotros nos tenemos que mover, no nos llueve nada, lo tenemos que fabricar. En una ciudad, los recursos están disponibles, sin embargo en los pueblos no. Por eso decidí crear esto».

Tómbolas, catering, manualidades… Todo es bueno para conseguir algo de ayuda económica en un escenario complicado en el que los principales protagonistas son el amor y solidaridad. Una manera de ayudar a los que más lo necesitan y ofrecer un servicio tan necesario en un pueblo donde hay muchas personas mayores que se encuentran prácticamente solas y que no cuentan con entretenimiento o personal que los cuide.

Todo lo realizado en este lugar tiene como objetivo ejercitar la memoria. ¿Y cómo se hace esto? Aprendiendo cosas nuevas. Cuando el cerebro va envejeciendo, se vuelve más rutinario y es importante proponerle retos. «Aquí los retamos todos los días. Series de enumeraciones, números y letras, sopas de números… mil historias para influir en sus áreas cerebrales», mencionó también María al observar con una sonrisa cálida a cada uno de los mayores allí realizando fichas, coloreando y haciendo manualidades.

La soledad

En España hay cerca de dos millones de hogares habitados por personas mayores de 65 años. Ya lo dijo Juan Gonzalo Castilla, el coordinador del Grupo de Psicología del Envejecimiento de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología: «La clave no es la soledad objetiva, el vivir solo, si no sentirse solo». Castilla calcula con mucha seguridad que más de 2,5 millones de personas mayores se sienten solas y que, de ellas, es posible que más de medio millón se sientan solas a menudo. Se trata de una cuestión que atenta contra los derechos humanos y que se considera como un tipo de maltrato. Ya la Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha declarado como problema de salud.

En el hogar del jubilado de Casares, estos hombres y mujeres van todas las mañanas y en domicilio, tienen a 16 personas y más de 20 en Manilva. «Es complicado para los mayores vivir en el pueblo porque hay muchas cuestas. Hay personas que llevan más de 10 años sin salir de su casa. Tenemos buggies que nos ha cedido el Ayuntamiento para transportar a los que tienen limitaciones para moverse», declaró la fundadora de la asociación.

Cómo se mantiene

La asociación recibe una subvención por parte del Ayuntamiento de 14.000 euros y María pone 15.000 de las diferentes actividades que realiza para ganar algunos fondos económicos. «Hasta este año no le habíamos pedido nada a los miembros, pero ahora pagan 10 euros al mes para tener al menos para los materiales. Y la Diputación de Málaga también nos da otra subvención. Finca Cortesín nos compró cuatro iPads Pro para que nuestros mayores puedan hacer sus actividades, que les encanta».

Año tras año siguen sobreviviendo como pueden, organizando evento tras evento e intentando seguir forjando la gran familia que ya han logrado.

Una necesidad

«Este servicio es muy necesario, primero porque no existe y si existe es de manera privada. Nosotros estimulamos partes del cerebro y les hacemos compañía».

Todos los días de la semana realizan diferentes actividades para fomentar distintos puntos del cerebro: los lunes, atención y memoria; los martes, cálculos; los miércoles, cultura; los jueves, los sentidos y los viernes dibujo o manualidades. Realizan actividades con niños y distintos eventos.

Una asociación necesaria que aporta tantísimo a aquellas personas mayores que tienen un hogar pero que no sienten el calor de los suyos, que se encuentran desamparados y sin una persona que los escuche o simplemente que les haga compañía. «Yo sentí el abandono de las instituciones, el que nadie supiera qué hacer conmigo y por eso sé perfectamente cómo se han sentido y lo que han necesitado, y es lo que intentamos aportarle aquí», aseguró María.

«Hay personas que viven solas y que están en continua soledad, y aquí sienten que alguien se preocupa por ellos».