Los Baños de la Hedionda son mucho más que uno de los rincones más visitados de Casares. Entre sus muros centenarios y sus aguas sulfurosas se esconde una historia que mezcla realidad, arqueología y leyenda, convirtiendo este enclave en uno de los lugares más singulares y emblemáticos de la Costa del Sol.
Situados en el margen derecho del arroyo Albarrán, en pleno entorno del macizo de la Utrera, estos baños de origen romano y posterior remodelación árabe han llegado hasta nuestros días rodeados de relatos que han pasado de generación en generación. La tradición más conocida atribuye su construcción al propio Julio César. Según cuenta la leyenda, el entonces pretor romano encontró alivio para una enfermedad herpética al bañarse en estas aguas ricas en azufre y hierro, ordenando posteriormente la construcción del recinto que hoy se conserva.
Aunque no existen pruebas que confirmen esta historia, sí hay constancia de que las tropas romanas que permanecieron en la zona antes de su enfrentamiento con Pompeyo utilizaron estas aguas por sus supuestas propiedades curativas para las enfermedades de la piel. Esta relación con Roma ha contribuido a alimentar durante siglos una de las leyendas más populares de Andalucía.
Pero Julio César no es el único protagonista de las historias vinculadas a la Hedionda. Otra antigua tradición sostiene que el característico olor a azufre de sus aguas nació cuando un demonio que habitaba en el manantial exhaló su último suspiro tras ser expulsado por Santiago. Un relato recogido por numerosos viajeros y cronistas que visitaron Casares a lo largo de los siglos.
Más allá de las leyendas, lo que sí está documentado es el enorme valor histórico del conjunto. El recinto balneario presenta una estructura cuadrada de aproximadamente seis metros de lado, construida con hormigón de cal, piedra y ladrillo macizo. La instalación original romana fue modificada posteriormente por los árabes, que adaptaron y ampliaron el espacio mediante nuevos muros y canalizaciones para responder a los cambios en el caudal del manantial.
Las excavaciones arqueológicas realizadas durante la década de los noventa permitieron sacar a la luz parte de estas ampliaciones y confirmar la relevancia histórica del enclave. A ello se suman otras construcciones realizadas entre los siglos XVII y XX que completan el conjunto monumental que hoy puede visitarse.
La importancia de los Baños de la Hedionda ha llevado a que el enclave esté protegido como Bien de Interés Cultural (BIC), reconocimiento que avala su valor histórico, científico y cultural. Además, desde 2016 el espacio cuenta con piscinas naturales que complementan la experiencia de quienes visitan este singular paraje casareño.
Su popularidad ha obligado incluso a regular el acceso durante los meses de mayor afluencia. Para evitar la masificación, el Ayuntamiento de Casares limita el aforo del recinto a 24 personas y exige reserva previa en las horas punta, entre las 12:00 y las 19:00 horas, durante la temporada estival.
Entre la historia y la leyenda, los Baños de la Hedionda continúan siendo uno de los grandes símbolos de Casares. Un lugar donde, según cuentan los relatos populares, Julio César encontró la cura para sus dolencias y donde hoy miles de visitantes siguen buscando la magia de unas aguas que llevan más de dos mil años formando parte de la historia del municipio.



