«Tierra, trágame» en un centro de salud de Benalmádena: activa la alerta máxima médica por «sacarle brillo» a un micrófono

Una trabajadora de la limpieza relata cómo pulsó sin querer el botón de parada cardíaca mientras le sacaba brillo a la megafonía: «Me quería morir»

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Hospital Alta Resolución de Benalmádena
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Hay días de trabajo que uno desearía borrar de la memoria y otros que, con el tiempo, se convierten en la mejor anécdota para contar en una cena. Eso es exactamente lo que le ocurrió a una trabajadora de la limpieza en un centro de salud de Benalmádena, quien protagonizó un momento de «pánico» involuntario que acabó con todo el equipo médico corriendo por los pasillos por culpa de un exceso de celo profesional.

La historia ha salido a la luz en el popular programa de radio ‘La Hora de los Fósforos’, donde la protagonista ha narrado, entre la vergüenza y el humor, cómo una simple bayeta provocó una situación de emergencia total en el ambulatorio benalmadense.

El botón prohibido y el «Código 1»

Todo ocurrió en una jornada rutinaria. La trabajadora se encontraba adecentando una de las salas cuando vio un dispositivo que le llamó la atención: «Había un cacharro con un micrófono», relata. Con la intención de dejarlo impoluto, decidió limpiarlo a fondo. «Estaba allí medio sacando brillo a aquello y, sin querer, pues le doy a un botón».

Lo que ella no sabía es que no era un micrófono cualquiera, sino el sistema de alertas internas. Al instante, la megafonía del centro empezó a bramar: «Código 1, Código 1, Código 1».

En el argot sanitario, un ‘Código 1’ (o Clave 1) suele referirse a una emergencia vital inminente, generalmente una parada cardiorrespiratoria o una situación crítica que requiere asistencia inmediata. El efecto fue instantáneo: «Empiezan a salir todos los médicos, dejan las consultas, dejan todo y se van para un quirófano pequeñito que hay allí mismo en el pasillo», explicaba la protagonista.

«Me quería morir»

La escena fue de película. El equipo médico llegó a la carrera al punto de la supuesta emergencia, con la adrenalina disparada y listos para salvar una vida. Sin embargo, al entrar en la sala, el panorama era muy distinto: no había ningún paciente en parada, ni ninguna camilla, ni ninguna urgencia.

Solo estaba la limpiadora, paralizada por el corte. «Llega el médico y no hay nadie. En ese momento, te lo juro, me quería morir», confesaba en antena.

Lejos de esconderse, la mujer se quedó allí plantada, con su única «arma» en la mano. «Estaba con mi bayeta cogida así, como si la bayeta fuera a salvarme, pidiendo perdón a todo el mundo», recordaba. No hubo opción de huir ni de disimular. Era obvio quién había sido la culpable del revuelo. «Tenía el rastro del trapo en la mano», bromeaba el presentador del programa.

Una anécdota que humaniza el servicio

Afortunadamente, todo quedó en un susto y en una interrupción momentánea de las consultas en este centro de salud de Benalmádena. Una historia que recuerda que, a veces, los héroes sin capa también cometen errores humanos… sobre todo cuando intentan que todo esté demasiado limpio.