Morante de la Puebla se corta la coleta tras abrir la Puerta Grande de Madrid

El genio sevillano se despide del toreo en pie, tras una temporada histórica y una vida marcada por la lucha interior

Morante de la Puebla
Morante de la Puebla se corta la coleta

La plaza de toros de Las Ventas vivió una de las escenas más sobrecogedoras de su historia. José Antonio Morante Camacho, universalmente conocido como Morante de la Puebla, se cortó la coleta en el centro del ruedo madrileño tras abrir por segunda vez en el año la Puerta Grande. Lo hizo fiel a sí mismo: en pie, con serenidad, sin aspavientos y con la elegancia que siempre lo distinguió.

Tras dar la vuelta al ruedo con las dos orejas en las manos y el público puesto en pie, Morante se dirigió al centro del albero. Allí, en silencio, se desprendió de su coleta. No hubo dramatismo, sino un gesto de verdad y torería. Los tendidos estallaron en un solo clamor: “¡Torero, torero!”. Madrid, testigo de tantas leyendas, comprendió en ese instante que asistía al final de una era.

Su despedida llega tras un año complejo, marcado por la fragilidad emocional que el propio maestro ha reconocido públicamente. Morante sufre un trastorno disociativo, acompañado de depresión severa y agorafobia, que le ha provocado una desconexión entre cuerpo y emociones y un profundo miedo a la locura. Estas dificultades lo han llevado a interrumpir su temporada en varias ocasiones, en medio de un proceso interior tan duro como humano.

Aun así, Morante ha sido este año un espejo de superación, volviendo a los ruedos con la misma pureza y sensibilidad que siempre lo caracterizaron. La suya ha sido una carrera construida desde el alma, entre la inspiración y la lucha, entre el arte y la sombra. Nacido el 2 de octubre de 1979 en La Puebla del Río (Sevilla), su toreo ha representado la esencia más pura de la escuela sevillana, heredero del temple de Paula y la naturalidad de Curro Romero, con un sello propio e inconfundible.

DESPEDIDA DE MADRID

Su faena de despedida en Madrid fue el resumen perfecto de toda una vida: naturalidad, sentimiento y belleza. En ella se detuvo el tiempo, como tantas veces antes, y el público comprendió que aquel toreo no volvería a repetirse.

Madrid lo despidió con una ovación interminable. En el ruedo, quedó su coleta como símbolo de una entrega total, de una vida vivida entre luces y sombras, entre arte y dolor.

Se va Morante de la Puebla, el último poeta del toreo, el hombre que toreó con el alma y que convirtió cada pase en un verso eterno, se va el mejor torero del siglo XXI.