El aumento de los costes de las materias primas y el transporte, la pandemia y la inflación han hecho mella en la cadena de supermercados Mercadona, que el pasado año subió los precios en torno al 2%, una medida que ha hecho saltar a los clientes, que se han venido quejando de cómo cada vez es más difícil llenar el carro de la compra.
La subida de precios se ha justificado por parte del Grupo por un incremento del 8% de los costes pero lo cierto es que Mercadona cerró el ejercicio de 2021 con un beneficio de 680 millones de euros, un 6% inferior a los 727 millones de 2020, primer año de la pandemia, a pesar de que facturó un 3,3% más, concretamente 27.819 millones.
El presidente de la compañía de supermercados, Juan Roig, se ha referido al alza de la inflación, que para Mercadona ha supuesto 500 millones de euros más al año de gastos.
En 2021 la compañía ha abierto 79 locales, ha cerrado 58, ha acometido 84 reformas y ha terminado el ejercicio con 1.662 tiendas, en las que se han invertido 1.200 millones entre los locales, las reformas logísticas y la transformación digital.
En relación al negocio «on line», el presidente de Mercadona ha asegurado que «la web ahora es una virguería; está muy bien y estamos muy contentos», con 510 millones de facturación, tres centros logísticos (Valencia, Barcelona y Madrid) y la previsión de abrir dos nuevos este año, uno en Alicante en el primer semestre y otro en Sevilla en la segunda mitad del año.
La plantilla total se ha situado en 96.000 trabajadores, con una creación de 1.000 puestos el año 2021, un índice de rotación del 2 % y 93 millones de euros en formación; y cuenta con 1.500 proveedores.
En otra categoría impulsada por la covid, los productos «listos para comer», ha reconocido que aún tienen que «ganarle dinero», está disponible en 825 tiendas y están buscando nuevos proveedores».
«No habrá desabastecimiento»
«No hay problemas de desabastecimiento. Habrá hechos puntuales, como el del consumo de papel higiénico en la pandemia», ha dejado claro el presidente de Mercadona para referirse a la venta masiva de productos como el aceite de girasol o la harina, pero insiste en que «es acaparamiento, no otra cosa«, recordando que en España hay tanto aceite de oliva «que podríamos beber aceite en lugar de agua».



