Todo tiene un principio y un final.
¿Te has sorprendido cuando hay mañanas que te levantas de la cama sintiendo una losa en tu espalda, de mal humor o incluso triste? ¿Sin ganas de hacer nada?
Los pensamientos negativos pueden ser el principio de muchas de las desgracias que terminan ocurriendo en tu vida. Vamos a ver cómo se producen y por qué nos enredamos con ellos, pasando gran parte del tiempo rumiándolos en nuestra cabeza hasta que terminan por afectarnos anímicamente.
Un pensamiento negativo empieza cómo una idea fugaz, que pasa de puntillas, y, antes de que puedas darte cuenta, te has enganchado a ella y has empezado a darle vueltas, alimentándola y acunándola cómo si de un bebe se tratara cada vez que la piensas:
“Su tono de voz sonaba muy frío, está enfadado conmigo…”
Este pensamiento, no es más que una voz crítica y negativa con la que nos habla nuestra mente y suele empezar con un juicio. Si en vez de dejarlo pasar, le prestamos atención para escucharlo y empezar a pensarlo, crece y se hace cada vez más grande, repitiéndose una y otra vez, cómo un pensamiento negativo constante y continuo:
“Su tono de voz sonaba frío, está enfadado conmigo”,
“Seguro que se ha enfadado porque ayer llegue tarde”,
“Cómo siempre llego tarde, me sancionará y me dejará fuera del equipo”,
“Soy un desastre, siempre llego tarde y voy a perder mi trabajo”,
“¿Por qué todo me pasa a mi? …”
A estas alturas, ya has entrado en bucle, dando vueltas y vueltas a una idea que no sabes ni de dónde ha salido, pero que cuanto más la piensas mayor malestar y angustia te produce porque ese pensamiento ha ido desencadenando otros, y otros, hasta que terminas por creerlos todos.
La consecuencia de toda esta cadena: la preocupación, pensar y repensar el problema.
Preocuparse por el problema es peor que el propio problema.
Al pensar, lo que hacemos realmente es escuchar la voz de nuestra cabeza. Es entonces, cuando pueden empezar a aparecer los problemas emocionales, no te darás cuenta de todo lo que se cuece en tu mente hasta que notes los efectos en tu cuerpo. Estos pensamientos negativos te han conectado con emociones que te merman la energía: angustia, culpa, rabia, vergüenza, tristeza, decepción…, en definitiva, te sientes mal, hablas mal, actúas mal, decides mal. Sientes inseguridad y te bloqueas, evitando hacer cosas o hablar con personas. Es momento de prestar atención a tus pensamientos.
Nuestra mente es muy charlatana, sobre todo con ella misma y puede jugar tres papeles a la vez:
Juez (te juzga todo el rato: “eres un desastre”),
Verdugo (te castiga: “no eres bueno, te mereces lo que te pasa”) y Víctima (te paraliza para actuar: “¿por qué todo me pasa a mi? “)
Los pensamientos negativos dañan nuestra vida, hay que estar alerta
El pensamiento negativo y recurrente puede llegar a convertirse en un hábito peligroso. Hay que saber pararlo a tiempo ya que cuanto más mantengas estos tipos de pensamientos dentro de ti, tu foco de atención y tu energía, estarán puestos en todo lo que te puede salir mal y en todo lo que te falta.
La mayoría de los pensamientos negativos provienen de nuestra experiencia o de nuestros temores y al provocarnos emociones negativas, hace muy difícil que podamos centrarnos en buscar una solución. Muchas veces no sabremos ni siquiera expresar cual es el verdadero problema que nos preocupa.
Es importante estar alerta y pararlos a tiempo, ya que tienen un efecto “ bola de nieve” , cuanto más los dejemos rodar en nuestra cabeza, más grande y absorbentes se harán, ¿ Cómo parar esa bola una vez que ha empezado a rodar?
Ahora que ya sabemos cómo empiezan y que hacen en nuestro cuerpo,
Vamos a ver cómo ponerles un Final.
Debemos entender que nuestros pensamientos no son hechos y que el error más grande que podemos cometer es intentar detenerlos, o “no pensarlos” ya que solo se volverán más fuertes.
Cuanto más intentes no pensar en algo, con más fuerza pensarás en ello.
Los pensamientos, cómo las emociones no se pueden evitar. Pero podemos aprender a gestionarlos para nuestro bienestar, y esto, es lo que hace la Gestión Emocional por ti, te ayudará a:
- Darte cuenta, cuando te des cuenta de que te estás sintiendo mal, para por un momento para prestar atención a tu pensamiento:
¿Qué estabas pensando cuando empezó tu malestar?
No podrás cambiar tus pensamientos si no los conoces, escríbelos con palabras concretas en un papel, para observarlas con más distancia.
Darnos cuenta de cuál es nuestro diálogo interno y cómo nos está afectando es el primer paso para empezar a producir un cambio.
- Cuestionarte, interroga ese pensamiento:
¿Esto que pienso es verdad?
¿Qué hechos lo prueban?
– Saber elegir, elige un pensamiento que te ayude, que no sea fatalista y observa cómo te sientes con él. Podrás ver cómo no te sientes igual al pensar “tengo tantos problemas ahora mismo, mi vida es tan difícil” que al pensar “ ahora mismo atravieso un periodo de retos y mi vida es un poco impredecible”
– Atender a tu cuerpo, el cuerpo juega un papel muy importante, ya que es en él donde se reflejan las emociones que provocan nuestros pensamientos. Adopta posturas de poder: espalda recta, cabeza alta y muévelo, mueve el cuerpo para que lleve tu mente a otra parte. Las mejores ideas suelen aparecer con el cuerpo en movimiento.
– Agradecer, el agradecimiento nos genera tranquilidad, paz y nos hace apreciar las cosas buenas que tenemos y a quienes tenemos en la vida.
Agradece siempre que puedas y conviértelo en un hábito.
Todos estos pasos forman parte de un ejercicio de repetición y paciencia, que te ayudará a observar tus pensamientos para dejar ir aquellos que puedan dañarte, a identificar tus emociones llevando la atención a tu cuerpo, para elegir sentirte mejor en cada momento.
Sin embargo, hay muchas personas que prefieren sufrir que arreglar sus problemas.
¿Eres una de ellas?
¡Feliz semana!
Carolina Collado.
Coach Personal y Ejecutiva acreditada ACC por ICF.
Inteligencia Emocional. Programación Neurolingüística.
www.carolinacollado.es



