¿Qué ocurre cuando una mente se rompe? ¿Qué fuerzas ocultas se despiertan en su interior, reptando desde las sombras más profundas? ¿Es posible que el abismo que habita en nosotros acabe por imponerse a las leyes de los hombres?
Estas preguntas no tienen respuestas simples. Y desde luego, no las ofrecen en línea recta en Retap, el último cortometraje del polifacético artista marbellí Víctor Marín, una obra que fusiona el cine de autor con el fantástico más descarnado, más visceral, más humano en su monstruosidad.
En algún lugar entre la locura y la justicia. En un rincón donde la razón se disuelve como sal en agua turbia y solo queda el instinto. Ahí nace Retap, un cortometraje que no se limita a contar una historia: la arranca a dentelladas desde lo más profundo del alma. Lo nuevo de Marín no solo desafía las formas tradicionales del cine. Las devora. Las revienta desde dentro para dar paso a una criatura cinematográfica única.
Protagonizado por un imponente Darko Peric —el inolvidable Helsinki de La Casa de Papel—, Retap es mucho más que un experimento visual. Es una invocación a las sombras, un grito primigenio de un hombre quebrado, que ya no pertenece a este mundo y camina entre los escombros de su mente como un espectro armado de rabia. Busca respuestas. Quizá no las haya. O peor: quizá sí las haya… y no podamos soportarlas.
A través de una estructura de flashbacks fragmentados, simbólicos y dolorosamente bellos, el espectador se adentra en la memoria de un protagonista convertido en monstruo y mártir, con el aire de un antihéroe sacado de las viñetas más oscuras de Sin City, pero con la carne viva de alguien que ha perdido todo menos la furia.
Aquí, la justicia no es ciega: es salvaje, sangrienta y personal.
Y lo que parece locura… puede que sea lo último que nos queda de la cordura.
Víctor Marín, el «monstruo detrás de los monstruos«, dirige esta obra como quien convoca un ritual. Su dominio artístico es absoluto: escultor, diseñador de criaturas, ilustrador, escritor, cineasta, alquimista de mundos que no existen hasta que él los imagina. Y luego los modela con manos sucias y corazón palpitante.
En Retap, desata una tormenta estética y emocional. Cada plano es una cicatriz. Cada silencio, una amenaza contenida. Cada mirada, una confesión que arde.
Esto no es solo cine. Es cine con colmillos.
Cine hecho con las vísceras, con la rabia, con la necesidad de crear o morir.
No es casualidad que haya sido reconocido con el Premio al Mejor Cortometraje Documental de Animación o Experimentación en el Festival de Málaga. No podía ser de otro modo. Porque lo que Marín ha parido aquí no es una pieza audiovisual: es una criatura con alma propia, que respira, que gruñe, que se retuerce bajo la piel del espectador.
La producción ha sido posible gracias a Invictus Designs Productions, AV2 Media Films y la colaboración de School Training. Aunque se desgarra en inglés y español, Retap no entiende de fronteras. El dolor, la redención, la venganza… se entienden en cualquier idioma.
Retap es el segundo cortometraje de Víctor Marín, tras Cucu (2019), con el que cosechó más de 70 selecciones oficiales y 11 premios internacionales. Pero esto no es una continuación. Es un salto al vacío con los ojos muy abiertos. Es una promesa murmurada al oído del espectador: “Aún no has visto nada”.
Y no es solo una intuición. En Freakcon, se confirmó: Retap no es un callejón sin salida. Es solo el primer aullido.
Esto continúa. Y lo que viene será aún más oscuro.
Mientras tanto, Marín sigue al volante de su mente inagotable, soñando monstruos durante los trayectos en coche, modelando pesadillas con la serenidad de quien ha hecho las paces con lo imposible. Prepara su primer largometraje, Lady Hollow, y la serie animada Villa Fábula, seleccionada en Weird Market, Ventana Sur y Next Lab, donde su creatividad ha vuelto a destacar como una anomalía luminosa en medio del conformismo.
Desde Marbella, este creador total no solo hace cine. Construye universos.
Y en cada uno de ellos late una advertencia, una promesa, una amenaza:
va a cambiar la forma de hacer cine en España. Apostando. Arriesgando. Clavando los dientes en lo que otros solo se atreven a mirar de lejos.
Porque cuando una mente se rompe, puede hundirse en el silencio…
O puede alzarse y rugir hasta estremecer los cimientos del mundo.
Retap lo ha hecho.
Y no piensa irse sin dejar cicatriz.



