José Ramón Prado Bugallo, más conocido como Sito Miñanco, compareció este martes ante la Audiencia Nacional en la decimonovena jornada del juicio que lo enfrenta a la Fiscalía Antidroga. A sus 70 años, el que es considerado el primer gran narcotraficante de cocaína de España, negó nuevamente su implicación en el tráfico de drogas, defendiendo que sus actividades en Algeciras, La Línea y Málaga estaban relacionadas con la venta de teléfonos encriptados y motores fueraborda.
Miñanco aseguró ante el tribunal que, tras cumplir una condena en Algeciras en 2015, se estableció en la zona y se dedicó a la venta de teléfonos BlackBerry y iPhone con sistemas de encriptación que protegían las comunicaciones. Según su versión, esta actividad justificaba sus reuniones con otros acusados en el caso.
Además, el gallego afirmó que también actuaba como comisionista en la venta de planeadoras semirrígidas y motores fueraborda, asegurando que estos se empleaban en actividades turísticas y deportivas: “No solo sirven para narcotráfico, también para pesca submarina o avistar ballenas y delfines”.
Sin embargo, la Fiscalía sostiene que estas embarcaciones eran narcolanchas utilizadas para transportar alijos de cocaína y que las reuniones de Miñanco con otros acusados servían para coordinar operaciones de narcotráfico.
Según las pruebas presentadas por la acusación, el acusado mantenía vínculos con astilleros en Galicia y el norte de Portugal, donde se habrían adquirido las embarcaciones con fines ilícitos. Además, se le vincula con una nave en Madrid en la que presuntamente se organizaban reuniones para planear los envíos de droga. Miñanco, sin embargo, defendió que en esa nave simplemente se realizaban “fiestas con amigos”.
Junto a Miñanco, también declararon otros procesados, como su mano derecha, Enrique García Arango, y su amigo José Antonio Fernández. García Arango, visiblemente afectado, prefirió no responder preguntas, mientras que Fernández se limitó a negar su participación en el narcotráfico, argumentando que su relación con Miñanco se debía exclusivamente a una amistad de décadas.
El cuarto acusado en testificar fue David Pérez Lago, hijastro de Esther Lago y vinculado al entorno de Miñanco. A diferencia de los demás, sí respondió a las preguntas de la Fiscalía, negando cualquier implicación en la trama y asegurando que su relación con el acusado no tenía fines lucrativos.
Tras haber cumplido 31 años de cárcel por condenas previas de narcotráfico y blanqueo de capitales, Miñanco podría enfrentarse a una sentencia que lo mantendría en prisión de por vida.



